Concurso de santidades

En el nombre de Dios se puede odiar la obra de Dios, sus atributos y atribuciones, tranquilamente y sin pestanear.

Los que están aburridos pueden leer la hagiografía, libritos que con mayor o menor ingenuidad registran la vida de personajes eclesiásticos, algunos santificados por la política vaticana, y otros abandonados por ella. Algunos con el prefijo San, y otros con el prefijo Sub(según hayan sido católicos o protestantes, respectivamente.) De todos se van a llevar pequeñas sorpresitas.

Veamos el legalismo sacrificial inservible y condenatorio de dos "hagios".




  1. San Juan de la Cruz. (Juan de Yepes) aconsejaba a sus catequizados que hostigaran toda presencia de gozo en sus emociones y que desterraran toda noción de esperanza, porque ambas cosas agradan y distraen, no así lo que repugna, porque lo que repugna ayuda a concentrarse en la fe.
  2. San Bernardo. (Tescelino Sorrel) se vendaba los ojos para no ver la belleza de los lagos suizos.
Hay cientos. No dos. Miles. Contando los contemporáneos, millones.
¿Por qué quieren ser mejores de lo que son? ¿hay queganarse la Hesed de Dios?
¿No es la gracia un don que viene de fuera y no unlogro que la autodisciplina rinde?

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